Line Ball

El olor de alcohol y tabaco la recibió al abrir la puerta. La estación de servicio número 17 fungía también como lugar de reposo para los pilotos comerciales de las rutas secundarias entre lunas. Oficialmente estaba a cargo del comité lunar, pero como el comité tenía otras cosas en que invertir su tiempo y dinero la estación se prestaba para negocios que se deben de realizar lejos de los mirones.

Recorrió con la vista para encontrar al hombre que estaba buscando. Las mesas estaban acomodadas de forma uniforme, las sillas y el resto de mobiliario eran diferentes uno del otro, probablemente restos recuperados de otras estaciones y de naves que nunca volvieron a salir del puerto. Una banda musical holográfica estaba a cargo de tocar la música que ambientaba el lugar, mientras que una pantalla mostraba la lista de canciones que los comensales habían pedido escuchar.

Reconoció a un hombre de tez oscura que tomaba solo su cerveza. Caminó y se sentó en la silla que estaba disponible frente a él. El hombre, quien había estado entretenido viendo una de las pantallas mostrando un evento deportivo desvió su mirada para analizar a la mujer que estaba frente a él. Sin duda era möleana, su piel clara y cabello castaño claro delataban los genes que en esa luna habían sido asignados. La miró esperando a que dijera la primera palabra, pero la mujer sólo respondió levantando los hombros.

—¿Te puedo ayudar?—contestó con una voz gruesa en lengua común, pero con ese acento característico de los habitantes de las selvas de Nukuch.

La mujer levantó la mano para pedir a uno de los androides meseros un vaso de lo que fuera que estuviera tomando su compañero de mesa. El mesero regresó con una cerveza y una frase programada que seguramente repetía a cada uno de los comensales del lugar. Ella tomó el vaso para brindar con el hombre, quien sólo movió ligeramente la cabeza y dio un sorbo a su cerveza.

—¿Birgir? ¿No es cierto?—preguntó ella con un acento casi imperceptible. De aquel que se usa en el comité lunar.

Esto no escapó de los oídos del hombre quien dio otro sorbo a su cerveza y evadió la mirada de la mujer regresando al partido que estaba viendo.

—Creo que se equivocó de hombre señorita—fue lo único que contestó.

—No, estoy segura que no me he equivocado. Birgir, nukucheano, 38 años, viudo y con una hija, ex piloto comercial de Selcorp, piloto a sueldo hoy en día, ¿no es cierto?

El hombre encontró la mirada de la mujer, miró hacia todos lados como asegurándose que nadie más había escuchado.

—No sé quien sea usted, pero estoy fuera de servicio. Hace mucho que dejé esa línea de trabajo—dijo en un susurro.

—No es lo que dicen mis registros.—Los ojos de Birgir se abrieron cómo platos, dio otro trago a su cerveza para ocultar su sorpresa y regresó su mirada a la pantalla.— Quiero ofrecerte trabajo.

—Como le dije señorita, ya me retiré.

—Puedes llamarme Cera, y por favor háblame de tu. Te quiero ofrecer un trabajo que sé no podrás rechazar.

—Lo siento señorita…

—Cera—corrigió ella.

—Cera. Lo siento Cera. Pero como le dije…

—Háblame de tú.

—Pero como te dije—dijo él después de soltar un suspiro—. Estoy fuera de esa linea de trabajo.

Birgir regresó su mirada al juego dando por terminada la conversación. En el reloj de la transmisión quedaban siete minutos de juego, pero con las interrupciones se podrían convertir en media hora más.

—¿Eres aficionado?

El hombre contestó con un gruñido que podría ser tanto una afirmación como una negación.

—Yo jugaba en la academia. Era alera central. Fuimos campeones de la primera edición del torneo mixto.

—Nunca debieron de unir las dos ligas.—Contestó Birgir sin quitar la mirada de la pantalla.

—¿Disculpa?—dijo Cera con un tono de indignación.

—Dije, que nunca debieron de haber unido las ligas. El campeonato femenil estaba lleno de técnica y velocidad, mientras que el varonil era pura fuerza bruta.—Dio el último trago a su cerveza y el mesero se llevó el vaso vacío dejando uno nuevo completamente lleno—. Disfrutaba mucho el campeonato femenil, sin duda las mujeres saben manejar mejor los propulsores anti gravedad.

—No voy a negarte que tenemos una ventaja en el juego, es por eso que se aplicaron reglas tan rigurosas en el número de posiciones y jugadores.

—Un equipo femenil sería más que suficiente para destruir a cualquier equipo mixto o varonil—. Dijo Birgir soltando una carcajada al terminar la frase. Cera sonrió ligeramente.

—¿Cuántos años tiene?—preguntó ella sin recibir respuesta por parte de Birgir—. Tu hija, ¿cuántos años tiene?

—Acaba de cumplir catorce hace dos meses.

—A esa edad fui seleccionada para el equipo de la academia.

—Es la edad perfecta para empezar—dijo él bajando la mirada a su vaso.

—¿Soñabas con que llegara a jugar?

—Cuando supe que tendría una niña, quería que se volviera seleccionada Nukucheana de Line ball. Pedí información en las escuelas cercanas a nuestra casa— soltó un suspiro y apartó la mirada de la pantalla.

—Supongo que sus tratamientos son caros, o eso he escuchado.

—Sólo un puñado de doctores trabajan con enfermedades relacionadas con la falta de gravedad de nuestros satélites. En teoría nuestra genética y la adaptación debieron de haber hecho el trabajo desde hace varias generaciones. En Nukuch no hay más que tres especialistas.—En la pantalla uno de los equipos celebraba la anotación de un punto.—¡Mierda! ¿Cómo la dejaron sola a sólo dos líneas de anotar?

—Te ofrezco un último trabajo Birgir. Hay mucho dinero involucrado, suficiente para que no te tengas que volver a preocupar por honorarios de los doctores de tu hija.

El piloto suspiró, agitó levemente la mano y dejó su cerveza en la mesa.

—No sabes de lo que estás hablando, además, mi hija me necesita. No puedo arriesgar a pasar otro par de años en la cárcel. Lo siento Cera, pero como te dije, estoy retirado.

El partido llegaba a su recta final, el marcador mantenía un minuto y 42 segundos, el equipo visitante estaba sólo 14 puntos abajo.

—Van a sacar a Erdelin.

—Ni de broma—dijo el ex piloto tomando de su cerveza.— Ha sido la jugadora del partido y tiene un ratio del 94% en la temporada, no hay forma de que la saquen.

—Están 14 puntos abajo, el equipo está muy centrado en hacerla entrar a las líneas y se olvidan del resto del juego—dijo Cera mirando la pantalla—, necesitan sacarla para que deje de acaparar el juego.

Birgir gruñó, en ese momento uno de los equipos pidió un tiempo extra que siguió un corte comercial.

—Tengo protección política Birgir, no irás a la cárcel si algo sale mal, además nada saldrá mal. Hay muchas cosas en juego, por lo que nuestra misión tiene que ser de cierta manera, secreta—. Miró a los lados para asegurarse que nadie la escuchaba, pero el lugar estaba prácticamente vacío.— Ya me arriesgué lo suficiente haciendo el viaje hasta aquí y registrando mi nave en el puerto, así que no me iré con una negativa.— Birgir sólo sacudió la cabeza sin mirarla a los ojos.

En la pantalla el juego se reanudaba, una de las jugadoras hacía una rabieta mientras el entrenador del equipo visitante la mandaba a las regaderas, la cámara seguía a la jugadora quién gritaba al entrenador. Uno de los jugadores de la banca empezaba a ponerse el equipo para jugar, los demás jugadores miraban atónitos la situación.

—Parece ser que Erdelin se va más temprano que el resto del equipo—la voz del comentarista salía sorda de la pantalla.

—Es sorprendente Gil, 14 puntos abajo y sacas a tu mejor jugadora, esto puede significar la derrota para el equipo— Respondió el segundo comentarista.—Es la primera vez que la veo reaccionar de esa manera, estaba dejando todo en el campo.

Cera miró a Birgir quien se había quedado boquiabierto viendo la pantalla.

—No lo puedo creer—dijo Birgir dejando la cerveza sin quitar los ojos de la pantalla.—¡Está loco!

—O quiere ganar el juego—dijo Cera.

El juego se reanudó rápidamente, el equipo visitante anotó un punto en la primera jugada, lo cual los ponía sólo seis puntos abajo del otro.

—El dinero lo vale Birgir.

—No es el dinero, no quiero arriesgarme y no puedo simplemente confiar en tu palabra. Seas quien seas.

Cera suspiró, tomó su bolso y sacó una tableta, hizo unos movimientos y después la dejó a la vista del conductor. La pantalla mostraba un plan de viaje, una columna incluía una lista de diferentes locaciones mientras que un mapa tridimensional del sistema lunar mostraba unos puntos parpadeantes en diferentes lunas.

—Confía en esto entonces.

Birgir tomó la tableta, comenzó a pasar rápidamente de un lado a otro con diferentes gestos, el juego corría al fondo, un equipo celebraba una anotación pero el piloto no apartaba sus ojos de la pantalla.

—Pero esto, esto no es posible. Estos mapas son…

—Antiguos, sí, pero es ahí donde está lo interesante. No te puedo dar más detalles hasta que me confirmes que quieres ser parte de esto.

—Pero ésta, ruta, esta información, muchos de estos lugares no son accesibles.

—Exacto, como te dije tengo contactos y ellos nos apoyaran durante la misión. Hay algo ahí, en cada uno de esos lugares y es mi trabajo descubrirlo.

Birgir respiró hondo, en la pantalla el equipo visitante estaba un punto abajo, quedaban sólo siete segundos en el reloj, no había forma de que hicieran algo. La exploradora centró su atención en el juego.

—Les queda una suspensión de gravedad—dijo Cera.

El piloto sacudió la cabeza sorprendido, era cierto había olvidado que el equipo visitante no había utilizado todas sus cartas.

En la pantalla el equipo visitante hizo una formación en forma de V, el equipo local comenzó a acomodar a los suyos, en el momento que inició la jugada el entrenador dio una señal y por un momento las plataformas del campo se desactivaron, el equipo local trató de reagruparse pero fue muy tarde, el marcador mostraba tres puntos anotados por los visitantes al momento que el reloj se detenía. Los jugadores empezaron a festejar y a correr hacia la banca a abrazar al entrenador.

—¿Entonces Birgir? ¿Cuál es tu respuesta?—. El rostro de Cera mostraba una amplia sonrisa.

El piloto terminó su cerveza, regresó la tableta a la exploradora con unas anotaciones.

—Esas son mis condiciones—dijo Birgir—, si las aceptas, entonces acabas de conseguirte un nuevo piloto.

Cera sonrió leyendo la tableta. El autómata se acercó a servir un par de cervezas más, en la pantalla el equipo visitante levantaba una copa y festejaba la victoria de último minuto.

 

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